El rascacielos Burj Dubai es ya el edificio terminado más alto del mundo. Su inaguración, celebrada por todo lo alto en la capital del emirato, se presenta como símbolo del ‘milagro’ económico del emirato y la joya residencial del Golfo Pérsico. Su altura final, inicialmente revelada por sus promotores, la inmobiliaria de capital público Emaar, se calcula que podría alcanzar los 828 metros. El mismo día de la inaguración, el jeque Mohammed bin Rashid al-Maktoum, rebautizó la estructura como Torre Jalifa, en honor del presidente de los Emiratos Arabes Unidos y gobernante del vecino emirato de Abu Dabi.

Su puesta de largo tiene lugar en medio de la crisis financiera que arrastra otra de las firmas estatales dedicadas al ladrillo, Nakheel, dueña de Dubai World. Sus impulsores quieren ver en este proyecto -diseñada por la firma SOM- el símbolo de la recuperación económica, mientras sus detractores lo califican como un agujero negro de consumo de energía.
La construcción del Burj Dubai -Torre Dubai en árabe- comenzó en 2004 con unos 12.000 trabajadores y su inauguración ha sido retrasada en dos ocasiones hasta hoy, 4 de enero de 2010. Ahora los dirigentes dubaitíes pretenden que sus 200 pisos se conviertan en el símbolo de la recuperación económica y que infunda optimismo en el país.
Dubai, uno de los siete integrantes de los Emiratos Árabes Unidos, se ha hecho famoso por sus faraónicos proyectos de construcción como un archipiélago artificial de islas con la forma de un mapa mundi, otros dos archipiélagos con forma de palmera o el levantamiento de una pista de esquí artificial en pleno desierto.


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